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ES:

Junín es una pequeña comunidad de la zona de Intag. Rodeada de montañas, bosques y fincas familiares, la vida transcurre a otro ritmo. Durante nuestra visita encontramos a dos niños jugando en el único parque de la comunidad. Subían y bajaban por la escalera, corrían entre los columpios y convertían cada rincón en una nueva aventura.

Uno de ellos vive en Junín. El otro había llegado desde Ibarra para visitar a su padre durante las vacaciones. Aunque sus realidades son distintas, esa tarde parecían compartir exactamente lo mismo: la libertad de jugar.

Mientras los observábamos, resultaba inevitable pensar en algo que muchas veces pasa desapercibido. No había pantallas, centros comerciales ni grandes distracciones. Alrededor había árboles, animales, caminos de tierra y el movimiento cotidiano de la comunidad. Y, sin embargo, nada parecía faltar.

Tal vez la infancia guarda una sabiduría que solemos perder con los años. La capacidad de encontrar felicidad en aquello que está al alcance de la mano; de construir mundos enteros a partir de un parque pequeño, una amistad pasajera o una tarde cualquiera.

En Junín, las casas rodean el parque y las familias conocen a quienes viven a su alrededor. Los niños juegan mientras son observados, cuidados y acompañados por una comunidad entera. No se trata únicamente de un espacio recreativo, sino de una forma de habitar el territorio donde el cuidado colectivo todavía forma parte de la vida cotidiana.

Estas fotografías no buscan idealizar la ruralidad ni convertirla en una postal. Son, más bien, una invitación a detenernos por un momento y preguntarnos cuándo dejamos de encontrar plenitud en las cosas simples. Quizás la respuesta no esté tan lejos. Quizás todavía habite en lugares como Junín, donde una tarde de juegos sigue siendo suficiente para llenar el mundo de posibilidades.

EN:

Junín is a small community in the Intag region of Ecuador. Surrounded by mountains, forests, and family farms, life moves at a different pace. During our visit, we found two children playing in the community’s only park. They climbed up and down the play structure, ran between the swings, and turned every corner into a new adventure.

One of them lives in Junín. The other had arrived from Ibarra to spend part of his school vacation with his father. Although their daily lives are different, that afternoon they seemed to share the same thing: the freedom to play.

As we watched them, it was hard not to reflect on something that often goes unnoticed. There were no screens, shopping malls, or endless distractions. Around them were trees, animals, dirt roads, and the everyday rhythm of community life. And yet, nothing seemed to be missing.

Perhaps childhood holds a kind of wisdom that many of us lose over time—the ability to find joy in what is already within reach; to build entire worlds from a small playground, a temporary friendship, or an ordinary afternoon.

In Junín, the houses surround the park and families know their neighbors. Children play while being seen, cared for, and accompanied by an entire community. The park is more than a recreational space; it reflects a way of living in which collective care remains part of everyday life.

These photographs do not seek to romanticize rural life or turn it into a postcard image. Instead, they invite us to pause for a moment and ask ourselves when we stopped finding fulfillment in simple things. Perhaps the answer is not so far away. Perhaps it still lives in places like Junín, where an afternoon of play is enough to fill the world with possibility.

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