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Llegamos a Junín con un propósito concreto: compartir un espacio de formación sobre como la comunicación comunitaria puede ser utilizada como voz de lucha y continuar el levantamiento audiovisual de una campaña de conservación impulsada junto a organizaciones locales que trabajan por la protección de los bosques y las fuentes de agua de Intag ante riesgos como la mineria. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en el trabajo de campo, algunas historias aparecen en los márgenes de la agenda prevista.

Mientras caminábamos por los senderos que conectan a la comunidad con el bosque, la atención comenzó a desplazarse hacia los detalles. Una hoja cubierta por la humedad de la mañana. Una gota suspendida sobre lo que parecía ser un helecho. La luz del amanecer atravesando lentamente las ramas de los árboles. Un camino que desaparece entre curvas y vegetación hasta confundirse con el paisaje. Las copas de los árboles como si dibujaran nuevos caminos.

Esta serie fotográfica nace de esos momentos de observación.

En ocasiones, cuando hablamos sobre la defensa de los bosques, pensamos en cifras, amenazas o conflictos territoriales. Todo ello es importante. Sin embargo, antes de convertirse en un tema de debate, un bosque es también una experiencia cotidiana: la sombra que acompaña el camino, la humedad que alimenta los cultivos, el refugio de aves e insectos, la presencia silenciosa que sostiene la vida sin hacerse notar.

Junín forma parte de un territorio reconocido por su extraordinaria biodiversidad y por los esfuerzos comunitarios que durante décadas han impulsado la conservación de bosques, reservas de agua y corredores ecológicos en la región de Intag. Estos ecosistemas constituyen una parte fundamental del corredor biológico Toisán–Cotacachi y de las áreas de conservación comunitaria que protegen fuentes hídricas y una gran diversidad de especies.

No quiero mostrar un paisaje espectacular ni una postal perfecta. Quiero invitar a observar aquello que muchas veces permanece fuera de nuestra mirada: las texturas, la humedad, la luz y las formas que construyen la vida cotidiana de un bosque nublado, pues la conservación también comienza cuando aprendemos a mirar con atención aquello que tenemos delante.

We arrived in Junín with a clear purpose: to share a space for training on how community communication can be used as a voice for collective action, and to continue gathering audiovisual material for a conservation campaign developed alongside local organizations working to protect Intag’s forests and water sources from threats such as mining. However, as often happens in fieldwork, some stories emerge at the margins of the planned agenda.

As we walked along the paths connecting the community to the forest, our attention gradually shifted toward the details. A leaf covered in morning moisture. A drop of water suspended on what appeared to be a fern. The light of dawn slowly filtering through the branches. A road disappearing around bends and into the vegetation until it became part of the landscape. The tree canopies above us, as if drawing new paths through the sky.

This photographic series emerged from those moments of observation.

When we talk about defending forests, we often think in terms of figures, threats, or territorial conflicts. All of these are important. Yet before becoming a subject of debate, a forest is also an everyday experience: the shade along a path, the moisture that nourishes crops, the shelter it provides for birds and insects, and the quiet presence that sustains life without calling attention to itself.

Junín is part of a territory recognized for its extraordinary biodiversity and for the community efforts that, over decades, have promoted the conservation of forests, water reserves, and ecological corridors throughout the Intag region. These ecosystems are an important part of the Toisán–Cotacachi biological corridor and of the community conservation areas that protect water sources and a remarkable diversity of species.

I do not want to present a spectacular landscape or a perfect postcard. I want to invite us to observe what so often remains beyond our field of vision: the textures, the moisture, the light, and the forms that shape the everyday life of a cloud forest. Because conservation also begins when we learn to look closely at what is already in front of us.

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